La once chilena

Fotografía "La once chilena; Pan amasado integral con granos varios y palta" por Lorena Villegas

Hay tantas costumbres chilenas que se asientan en nuestra historia como instituciones una de ellas es la querida y reponedora ONCE.

La vida apurada de Inglaterra poco da para ejercer tamaño ritual. Las familias que trabajan almuerzan a eso de las 12 de día, cada uno en sus oficinas o alrededores, a veces  no más que un sándwich rápido o colaciones livianas, y en  rigor es la noche donde se juntan todos, niños y padres a conversar del día en torno de una cena, que es la comida que no alcanzaron a tener bien a la hora de almuerzo, por lo tanto comen un plato fuerte.

El chileno, por otra parte, tiene horarios algo más flexibles, horas más largas en el trabajo, se toma su tiempo para almorzar bien y por lo tanto, al llegar a casa al fin de la jornada no necesita comer fuerte otra vez, y es aquí  donde la Once entra para quedarse en un sitial único.

A eso de las 7:30 pm  los padres chilenos llegan del trabajo, los hijos ya han terminado las tareas, se prende la tele,  se sintoniza la teleserie de turno y se pone la mesa. Corren las marraquetas, hallullas o pan amasado frescos de la panadería local, se acompaña con jamón, mantequilla, manjar,  paté, mermelada, queso y la infaltable palta. También le ponemos galletas, queques, bollitos dulces, pasteles etc. El cielo es el límite. El té puede ser puro, o con leche, algunos prefieren el café. El asunto es que la Once, que en rigor es una merienda liviana, pasa a ser un festín de opulencia y variedad. En una taza de  té se han degustado mil sabores, se han probado varios tipos de pan y entre cada mascada se atan los vínculos familiares, los chismes del día y  las grandes conversaciones.

Nadie está totalmente seguro de donde viene la palabra, pero algunos coinciden que proviene de la merienda de media mañana que en  la Inglaterra victoriana  se le llamaba Elevenses, porque ocurría a las 11 am.  Otros dicen que es del tiempo de las salitreras en el siglo XIX, los trabajadores acompañaban su comida con aguardiente, pero como ésta estaba prohibida, le llamaban las once, por la cantidad de letras que la conforman.

Independiente de su origen, la Once está en el inconsciente colectivo del chileno así como su propia identidad.

Invitamos a tomar once,  pues invitamos a alguien especial a compartir una muestra íntima de quienes somos, y sin duda es una de las comidas más importantes para el chileno, porque también es una demostración social de afecto y fraternidad. No a cualquiera se le invita  a tomar once.

ES difícil muchas veces mantener tal ritual en un país extraño, pero no imposible.  Mi familia, compuesta por mi marido inglés y dos hijos, hemos mantenido la ceremonia de la Once desde siempre y son algunos aspectos de ésta las que han sido relevantes para su continuación.

1 –  Es liviana. Depende de lo que se ponga en el pan y la cantidad de pan que se consuma, es una merienda ligera e ideal para no cargar el estómago antes de acostarse.

2-   La familia con niños necesita fundamentalmente consumir leche, por lo tanto, la Once para los niños es la leche y panecillos varios, previos a la hora de dormir.

3-   Es rápida, nadie quiere ponerse a cocinar carnes o pescados cuando sólo se puede poner la tetera.

4-  Es barata. Básicamente puede ser mantequilla y jamón y algún embeleco para cambiar el sabor para la segunda taza de té, pero por sus características modestas la hace asequible a cualquiera. Lo que no se consume hoy, se guarda para la once de mañana.

5-    ES rica. No hay como una taza de un buen té para terminar el día en familia.

6-  Es entretenida. Dependiendo de los ingredientes, es lúdico ir probando distintos sabores y elegir lo que comerás luego de terminar el pan con queso, por ejemplo.

 Vivir  fuera de Chile es una experiencia sin duda. Muchos lo hemos hecho por elección, y al asentarnos en estas tierras solamente es natural que dejemos algunas costumbres atrás, que adoptemos otras nuevas y mantengamos las más queridas y esta es una de las más dulce e inamovible para mí.

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