Fotografía de Amy Rovig

¡A Reciclar! Aquí la basura tiene más destinos de los conocidos en Chile

4Fotografía de Amy Rovig

Si piensas venir a estudiar a Gran Bretaña, vivir o simplemente turistear, se deben tener en cuenta algunos comportamientos obligatorios con respecto a nuestros desechos diarios. La vida cotidiana ha sido transformada en un constante reciclado, y para el que viene recién llegando de Chile, puede no ser lo más fácil de adoptar, pero cuando se aprende, no se deja de hacer.

Por amor a la tierra o por temor al municipio, los ciudadanos de Cambridge y de todo el Reino Unido debemos dividir nuestros desperdicios y reconsiderar lo que se puede volver a utilizar, de lo contrario, enfrentamos multas millonarias.

En cada casa y distribuidos por el propio gobierno, existen dos contenedores de basura que almacenan hasta 15 bolsas de supermercados llenas. El negro, es para desperdicios no orgánicos como envoltorios de plásticos y el verde es para productos como papel o de origen animal y vegetal que se pueden convertir en abono  para las plantas. A esto se le suma un recipiente para poner las latas y vidrios. En puntos clave de cada barrio, también se ubican los vertederos de residuos caseros, como grandes cartones, ropa, vidrio de colores, muebles, etcétera. Estos son de uso público y los habitantes realizan sus propias descargas. Los vertederos en tierra y de gran escala, que se están llenado a pasos agigantados y es la última  triste parada.

Cada dos semanas es la recolección. Si el encargado ve que  en el contenedor orgánico puede haber contaminación de algún producto plástico, rechaza la basura sin llevársela. Lo mismo sucede si las bolsas del contenedor negro exceden la altura permitida quedando semiabierta. En este caso, quedarían para  la siguiente recolección, que sería en dos semanas más.

La basura es un asunto de gran preocupación. En una isla en que el terreno es limitado y preciado, los costos de las propiedades son exorbitantes: el promedio de una casa común es de 200 millones de pesos, por lo mismo, es un lujo ocuparlas sólo para poner desperdicios.

Los vertederos se han convertido en un dolor del cabeza para los municipios, que han visto que ni siquiera  el alza de las contribuciones, de más de 1 millón de pesos anual promedio,  ha afectado el comportamiento de la gente. Cada dos horas se llena un espacio similar al de un anfiteatro con capacidad para 9 mil personas, y cada semana se cargan 245 aviones jumbo sólo con los envoltorios de paquetes.

Los medios de comunicación son implacables con el tema. En un reportaje de la BBC titulaban: “Inglaterra se ahoga en la basura”, dejando a todos perplejos y temerosos del futuro que nos depara tan cercano como el 2015. Si no se disminuyen los residuos de la población, sucumbiremos en nuestra propia porquería.

Fotografía de eatmorechips

Hay métodos que ya se han hecho efectivos en algunos países de Europa. El llamado “pay as you throw” o “pague por lo que tira”, tendría la misión de reducir los residuos, pues el contribuyente vería afectado su patrimonio en forma notoria y directa, distinta al impuesto anual.

Otra propuesta de solución es a través de un microchip,  “Chip & bin”, en que  los contenedores tendrían una clave secreta y un candado digital que los resguardarían de aquellos que quieran evadir el pago tirando en potes ajenos, y para establecer también  el peso antes y después de que la carga haya sido desalojada.

El tema es controversial. Opositores a los impuestos han manifestado su repudio a seguir contribuyendo a las arcas del gobierno, algunos pagan hasta la mitad de su sueldo en distintos gravámenes, aludiendo que esto sólo creará vertederos clandestinos donde las cámaras policiales no llegarían. Y el caos de una sucia comunidad traería peores consecuencias.

En Bélgica los temores fueron los mismos, pero los resultados finalmente sorprendieron. Los vertederos clandestinos proliferaron por debajo de lo que se esperaba, la gente comprendió que el cambio de actitud frente  su basura era fundamental y se concentraba en aspectos  mínimos como elegir alimentos que tengan menos empaque, preferir compañías que vendan con reciclado responsable, es decir, se hacen cargo del antiguo artefacto del cliente.

Se estima que cada dos botellas de vidrio que se reciclan, equivale a hervir cinco tazas de té, lo que no es menor, en un país en que el té es una institución.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

0m6gQ

Por favor, escriba el texto anterior: